Uno de los maravillosos e interesantes mitos de la cultura moche sobre la divinidad mas destacada de los mochicas, se cuenta en este texto que me fue dado por quien en su momento fue mi maestro en la escuela de Bellas Artes:
Ai Apaec era un curaca guerrero, y cruel, en una de las batallas ganadas contra una etnia no conocida, apresó al jefe y a su esposa, ambos eran ancianos; a ambos los puso en un gran fosa, con las manos amarradas a sendos postes, en esa fosa habían aves hambrientas. Naturalmente que al soltarlas, estas iban a desgarrar a los ancianos, la mujer se murió de impresión y el hombre antes de morir le lanzó una terrible maldición a Ai Apaec.
En la noche en medio de la celebración con abundancia de comida y bebida, por haber vencido a esa etnia, se fueron a dormir, en la madrugada se escuchó un grito aterrador que había lanzado Ai Apaec, pues le había picado en la cara un insecto. En la mañana amaneció con la cara congestionada, y conforme iba pasando el día, la cara iba tomando un color rojizo. Pasaron los días y el mal avanzaba, convocó a los connotados médicos para que lo curaran, pero nadie pudo hacerlo, en venganza por la ineptitud de los médicos, los hacía matar. Lo que le había pasado es que el insecto le había inoculado Uta, la terrible enfermedad que se come los tejidos cartilaginosos de la cara, atacando las fosas nasales y la boca. Conforme le fue avanzando la enfermedad, Ai Apaec iba perdiendo la razón. Desesperado y avergonzado ante tal mal, abandonó su pueblo y se fue a vivir a las altas montañas. La locura le había proporcionado una fuerza descomunal, cuando se cruzaba con los felinos, los mataba destrozándolos, lo mismo pasaba con las águilas y los cóndores, inclusive cuando se cruzaba con soldados, los mataba a todos.
Compadecida una jovencita, a hurtadillas se acercó a Ai Apaec, cuando éste se miraba la cara en una acequia, sorprendido por la jovencita, trató de matarla, pero escuchó que ella le estaba trayendo medicina para su mal. Accedió, y pacientemente la jovencita iba todos los días a curar el mal, hasta que detuvo el avance de la Uta. Ai Apaec, por el hecho de vivir cerca de los cumbres de los cerros más altos, había tomado contacto con los dioses, quienes le transmitieron todos los conocimientos que Ai Apaec, le fue enseñando cuando bajaba a su pueblo, pero para ocultar su mal producido por la Uta, se cubría la cara con una nariguera de oro, que representaba al otorongo, una de las deidades más importantes del mundo andino. Por eso es que se representa a este personaje que se convirtió en Dios con el atributo del otorongo, animal sagrado desde México hasta la Patagonia.
Agradecimiento: Roberto Villegas Robles 